"Siempre me pasa lo mismo", "no puede ser que siempre elija a las mismas personas", "siempre me siento excluida".

Frases como estas se escuchan muy a menudo en el consultorio. Aquello que se repite en cada lugar al que voy: en el trabajo, en mi grupo de amigas, en mi ámbito familiar.

¿Será que tengo mala suerte?

Desde el psicoanálisis, estas repeticiones no se piensan como algo azaroso. Más bien, invitan a preguntarnos por la posición que cada uno ocupa en sus vínculos. Hay modos de relacionarnos que se van construyendo desde muy temprano y que, sin darnos cuenta, tienden a repetirse.

¿Cómo me querían de chica?, ¿de qué manera me sentía querida?, ¿qué lugar ocupaba en esos vínculos? Estas primeras experiencias van dejando marcas y formas de estar con otros, que muchas veces se reeditan en la vida adulta.

Por eso, en el consultorio, desgranamos un poco la situación. Volvemos a la historia para poder entender el presente: ¿qué lugar estoy ocupando hoy?, ¿qué lugar quiero ocupar?, ¿qué de eso se repite?

No se trata de culparse ni de buscar explicaciones cerradas, sino de poder hacer algo con eso que se repite. Porque cuando algo de la posición se mueve, también se modifican los vínculos.

Y ahí es donde empieza a abrirse la posibilidad de que algo deje de repetirse.