"Siempre me pasa lo mismo." "No puede ser que siempre elija a las mismas personas." "En todos los trabajos termino igual." Estas frases aparecen frecuentemente en el consultorio, y casi siempre con una mezcla de cansancio y perplejidad.

La repetición no es azar

Desde el psicoanálisis, estas repeticiones no son azarosas. Freud llamó a este fenómeno "compulsión de repetición": una tendencia inconsciente a reproducir situaciones, vínculos o patrones, aunque generen malestar. No porque la persona lo elija conscientemente —de hecho, suele sorprenderle que vuelva a ocurrir—, sino porque hay algo que no ha podido procesarse del todo.

Repetimos lo que no pudimos elaborar. Es una forma que tiene el psiquismo de intentar, una y otra vez, resolver algo que quedó sin resolver. Como si volviera a abrir el mismo capítulo esperando que esta vez termine diferente.

¿Qué se repite y por qué?

Puede repetirse un tipo de vínculo afectivo, una dinámica laboral, una forma de reaccionar ante el conflicto, una tendencia a desaparecer o a ponerse al frente. A veces la repetición es obvia; otras veces requiere tiempo y trabajo para poder verla.

Lo interesante —y lo que hace posible el cambio— es que reconocer el patrón no alcanza por sí solo. No es cuestión de "darse cuenta" y ya. Se trata de poder pensar qué sostiene esa repetición, qué lugar ocupa en la historia de cada uno, qué necesidad intenta satisfacer.

El trabajo terapéutico como interrupción de la repetición

La terapia ofrece un espacio donde ese patrón puede hacerse visible y, de a poco, cuestionarse. No con juicio —repetir no es una falla moral—, sino con curiosidad. ¿Qué me está diciendo esto sobre mí? ¿Qué es lo que todavía no pude cerrar?

El objetivo no es eliminar toda repetición (algunas son saludables y necesarias), sino ampliar la libertad: poder elegir, en lugar de ser llevado sin darse cuenta.

Si sentís que estás dando vueltas en el mismo círculo y querés pensar en eso, podés escribirme.